La transparencia no ha sido precisamente la seña de identidad de la SGAE en los últimos años. El escándalo descubierto el pasado año por presunto desvío millonario de fondos es el ejemplo más claro de lo que ha llegado a ser una entidad teóricamente creada para la defensa de los artistas y para repartir equitativamente lo recaudado entre los titulares de los derechos de autor.




